¿Una fe que abraza al mundo real?
La realidad. Gran problema. ¿cómo hablar de la realidad sin ser quemados en la hoguera? Darwin sin duda lo logró. Habló de una parte específica de la realidad, la herencia común de los seres vivos, haciendo uso de un andamiaje y un método a prueba de individualismos: el método científico. Hablo de la realidad mediante un discurso contrastable y perfectible pero sostenido por la descripción de hechos cuya observación e interpretación es universal. Desde luego, esto no evita ser quemado en la hoguera, eso tiene que ver mas con saber usar los pies para correr.
Hemos escuchado infinidad de veces a muchas personas decir, si no es que a uno mismo, que hay muchas realidades, que cada cual tiene “su realidad”. Pero si nos detenemos a tratar de ser honestos y pensar detenidamente podemos tomar en cuenta varios hechos:
El lenguaje con el que formulo esta idea de que cada cual tiene ’su realidad’ es un lenguaje común a muchas mas personas. De hecho es un lenguaje que me permite pasar esa idea a otra persona, y ese lenguaje inclusive puede ser traducido a otros lenguajes de otras personas para que puedan entender mi idea. No termina allí: ese lenguaje que me permite formular la idea de que ‘cada cual tiene su realidad’ lleva miles de años funcionando y cambiando y ha sido legado a cada persona como herramienta de intercambio y formulación de pensamiento e ideas, llega a mi y a todos por un proceso de comunicación común. ¿Cómo es posible entonces que ‘la realidad de cada cual’ pueda ser formulada de manera común? ¿Si cada cual ejerce ’su realidad’, cómo es entonces que ustedes leen e interpretan lo que aquí expreso yo?
La comunicación humana es la primer prueba, que al margen de ‘realidades diferentes’, une el pensamiento entre individuos y crea un contexto común de ideas. La palabra ‘árbol’ refiere siempre a un objeto de la misma clase sin importar en la cabeza de quién sea interpretado. Y si hubiese una cabeza que lo interpretara de otra forma, entonces esa persona tendría muchas dificultades para vivir, eso si: absorto y ensimismado en ’su realidad’. El sol seguirá brindando amaneceres a todos, aún para los que viven dentro de masmorras selladas.
El mundo de los humanos es un mundo común, es además la referencia del contexto humano (aunque suene circular, así es), referencia de sí mismo. Ese mundo es referencia de cosas comunes porque cada humano puede tocar lo mismo que otro ser humano e identificar los mismos patrones, si acaso descubrir cosas nuevas que puede transmitir a otros. ¿Acaso podríamos comunicarnos si fuésemos entes aislados? Que no podamos aún establecer comunicación eficiente con los demás seres vivos no significa que no sea factible.
En este mundo de referencias comunes también existen conceptos que hacen referencia a cosas que no pueden tocarse, verse u oírse. Estamos hablando del mundo abstracto. Ideas que pueden ser comunes a todos pero que no tienen una referencia inmediata o directa a nuestro mundo físico. “La Realidad” es uno de estos conceptos, como los son los números, el lenguaje lógico, el mismo lenguaje hablado es una ficción, un índice de signos para referenciar el mundo. Hablamos de “ficciones” que creamos en nuestra mente y que podemos usar junto con los demás para conocer el mundo y como apoyo para pensar. Pero las ficciones son reales también, porque pueden ser referenciadas por todas las personas, ‘el amor’, ‘el odio’, ‘el número 5′, ‘las especies’, ‘un conjunto’, etc. Palabras que hacen referencia a conceptos ficticios para dar un andamiaje a nuestro pensamiento. Existen sí en nuestra mente, referencian sí, algo de nuestro mundo directa o indirectamente, de manera simple o compleja mediante una red de conceptos.
Entonces hay que diferenciar entre la realidad concreta y la realidad abstracta. Es una realidad que 5 manzanas junto a otras 3 manzanas suman 7 manzanas. Las manzanas están allí físicamente pero sus propiedades de conjunto son ideas arbitrarias creadas desde la referencia humana: las contamos, inventamos la propiedad numérica para cuantificarlas, asignamos un signo y decimos que son 7 manzanas. Pero la propiedad numérica podría referir cualquier cosa del mundo, inclusive cosas abstractas. Surgen las matemáticas. Y no sólo surgen de nuestra mente, surgen por la observación de nuestro mundo real, por que el mundo que es común a todos tiene pautas, estructuras, proporciones, tiempo, sincronía, movimiento, fuerza, peso, etc.
No importa de dónde venga la realidad, si es concreta o abstracta. Es realidad porque es común a todos y se manifiesta por igual a todos. No por democracia, pues si la realidad fuera democrática habría partidos para votar para que la gravedad desapareciera del planeta y poder flotar cómodamente en el aire. No por cuestiones espirituales, pues si la realidad fuera una cuestión puramente espiritual, las balas no atravesarían el corazón o la cabeza de un sacerdote. No por política, pues si la realidad fuera una cuestión política, las pestes no derrocarían imperios ni el desasosiego popular cambiaría regímenes. No por religión, pues si la realidad fuera una manifestación ejercida desde el credo o la religión, el mundo que conocemos sería un disparate sin asidero ni estructura porque no existe una sola religión y tampoco un solo credo; el mundo tendría 10 millones de años en una parte del planeta y en otro tendría 4 mil millones de años, en otra parte habría muchos mundos, uno para los vivos o otro para los muertos, como tampoco podemos esperar a que un cirujano cercene los chakras, ni la medicina hindú pueda identificar el virus del sida. Hay que decirlo, porqué no: no por ciencia, pues si la realidad fuera manifestada sólo bajo el campo teórico conocido nuestro mundo sería tan pequeño e imperfecto que no habría cabida para la realidad misma, ni todo el conocimiento, espiritualidad y mente humanas, y todos los misterios de nuestro flujo de vida. Creer que la ciencia reclama la realidad o la enuncia es un error común de quienes no saben qué es la ciencia y aún de quienes se cobijan tras de ella ciegamente.
Dicho lo anterior no se puede negar la realidad de los conceptos que pensamos: mientras existan al menos dos seres humanos que se comuniquen, existirá ‘la realidad’ común para ellos, con pinceladas concretas y abstractas. Pero, para los seres humanos el éxito de transitar por la vida depende de poder identificar esta diferencia: la realidad abstracta emerge de la realidad concreta, se sostiene de ella, si no fuera así los dioses que se encargaban de la lluvia en épocas pasadas no hubieran pasado su batuta a los centros de observación climatológica, ni los dioses que mediante una ofrenda accedían el amanecer diario habrían permitido que un satélite que orbita el Sol nos avise de lluvias de radiación con anticipación. Darwin nos demostró que las propiedades de la vida no son exclusivas de los seres humanos si no que son comunes a todas las formas animadas de nuestra tierra, y esta realidad que Darwin ayuda a revelar es un discurso sobre la realidad concreta que es común a todos los seres humanos, comunicable, formulable, entendible, sostenible, sin falacias y sin contradicciones. La realidad concreta de todo lo vivo que nos rodea nos impone una pauta ineludible ante nuestra conciencia, nuestra espiritualidad y nuestra mente, nuestra realidad abstracta. Anteponer la realidad abstracta a la concreta de manera torpe puede significar cerrar los ojos al amanecer que cobija renacuajos, libélulas o chimpancés, y al resto de los seres humanos que hacen suya una interpretación de la realidad. Es la realidad concreta la única que nos permite asimilar porqué en esta esfera de tierra finita existen tantas variantes de fe. ¿Existe una fe que nos permita asimilar todas las realidades de ‘cada cual’, las comunes, la abstractas y las concretas?
También es pertinente decir que la realidad (esta realidad manifiesta al ser humano y formulada desde su interpretación común) se ajusta, es perfectible, porque para hacer nuestra la realidad debemos interpretarla. La realidad es la misma para todos pero tiene mecanismos de interpretación únicos. Esa es nuestra individualidad. La individualidad permite seguir descubriendo la realidad común, como un continuo proceso de retroalimentación y reflejo valiéndonos del acervo humano que disponemos ( y valiéndonos de un acto de honestidad lógica que opera en nuestro interior: la congruencia requiere hacer a un lado las construcciones falaces). Sócrates, Aristóteles, Galileo, Newton, Darwin, Einstein, Heisenberg; también porqué no decirlo: Lao Tse, Francisco de Asis, Tomás de Aquino, Gandhi, etc. La lista interminable de seres humanos que uno tras otro transmite la realidad común que ellos descubrieron para nosotros y nosotros pasamos a las generaciones que siguen.
Si la realidad, sea concreta o abstracta, nos cobija a todos los seres humanos, a todos los seres vivos y a toda la materia y energía que nos rodea ¿acaso no es ese un misterio digno de explorar? Hoy podemos decir que tenemos una fotografía de un solo mundo, que antes sólo era un concepto abstracto, ahora es una cuestión concreta y manifiesta: el que no vea la magia y la magnificencia de esta fotografía completa, “el planeta tierra”, le preguntaría: ¿Porqué tu fe no abraza esa realidad y totalidad que nos cobija a todos los seres vivos, que existieron, existen y están por existir junto con toda cosa o manifestación que ha existido, existe y existirá?
Si quieren quemarme en la hoguera, todavía falta que me alcancen. Corro rápido todavía.

