Con el pretexto de que “todos estamos juntos”
Andrei Tarkovsky, ejemplar director de cine que nos ha legado un cine poético de una belleza singular y de arte maravilloso. Su lenguaje visual es de tal riqueza que de sus 7 filmes bien podríamos sacar al azar una imagen y enmarcarla como fotografía especial, retrato de un instante de nuestro subconsciente que busca emerger en algún pequeño detalle de el entorno. En casi todas sus películas Tarkovsky elimina el lenguaje común, lo sustituye por un flujo de imágenes casi detenidas que retratan un estado psicológico, y que de manera imperceptible se mueven para esculpir el tiempo; al sumergirse en esta dinámica el tiempo de una escena se convierte en algo subjetivo, es en este discurso de imágenes, sonidos, tiempo y emociones que transcurre el discurso.
Pero Tarkovsky nos deja algo más que su cine. Al final de su vida escribe un maravilloso libro, «Esculpir el Tiempo», que intenta explicar aspectos de su obra cinematográfica y de su experiencia con la vida en general. Nos habla de la pérdida de la responsabilidad como individuos inscritos a una estructura social. El estatus impide a los individuos el cuestionarse a sí mismos e injustificadamente da motivo para eludir, e ingenuamente olvidar, cualquier deber moral e inclusive, añado, cualquier deber práctico relacionado con su sostenimiento. La axiología termina sustituida por el interés apático o de poder y la praxiología por la necesidad oportunista.
Uno de los discursos principales que motivan biorepública es recordar que antes de hablar de derechos tenemos que asumir responsabilidades. Y este punto en particular es el que Tarkovsky maneja de manera tajante: «Hay mil maneras de justificar esta falta de compromiso y el hecho de que la gente no desee sacrificar sus estrechos y egoístas intereses para poder así trabajar por el logro de los fines superiores que constituían su verdadera vocación; nadie quiere o nadie es capaz de obligarse a sí mismo a examinarse seriamente y aceptar que es responsable de su vida y de su alma.»
Si las civilizaciones emergen por la cohesión de individuos en grupos sociales, entonces la mayor contradicción de la civilización es que sus integrantes creen que existe una “conciencia social”. Tarkovsky añade: «Con el pretexto de que “todos estamos juntos”, es decir, que la humanidad se encuentra en proceso de construir un cierto tipo de civilización, constantemente nos desviamos de nuestra propia responsabilidad sin darnos cuenta de que al hacerlo descargamos en los demás nuestra propia responsabilidad sobre lo que ocurre. Consecuentemente el conflicto entre el individuo y la sociedad se hace cada vez más dramático y el muro que separa al individuo de la humanidad se hace cada vez mas alto.»
Tarkovsky se cuestiona algo que pocas personas meditan: ¿En qué momento el hombre, poniéndose al servicio del “bien común”, adquiere el derecho a ser irresponsable de sus actos? El “bien común” no existe a menos que se construya y sea sustentable (y sostenible), por esto es una concepción errónea concebir “el bien común” como algo estático e inmanente a la sociedad y que pasa por encima del individuo y de el entorno natural que le da sustento: Es el individuo que ejerce su responsabilidad, y que junto con otros por igual, construyen ese estado de cosas perfectible y que requiere constante adaptación.
«El problema es que vivimos en una sociedad que ha sido estructurada por nuestros esfuerzos “concertados”, y no por los esfuerzos de nadie en particular, y en donde la personalidad tiene que exigir sus derechos a otras personas, en lugar de exigirlos a sí misma. El individuo, como consecuencia, o se convierte en un instrumento de las ideas y ambiciones de otra gente o se convierte a sí mismo en un patrón que utiliza la energía de los demás sin ningún miramiento de los derechos individuales.»
Tarkovsky también expresa un mensaje muy claro sobre la libertad, y la contextualiza tanto en el terreno individual como social: «El hombre realmente libre no puede serlo en un sentido egoísta, como tampoco la libertad individual puede ser el resultado del esfuerzo común» Es en esta época que la naturaleza (de todos los seres vivos incluido al ser humano) reclama de la irresponsabilidad de la civilización: la doble naturaleza de la libertad del hombre tiene que encontrar su justo equilibrio pronto.
«Rehusamos darnos cuenta del hecho simplísimo “de que todo está relacionado en este mundo”»
Esculpir el Tiempo, Andrei Tarkovsky, UNAM. 1993. Sin duda una lectura obligada, escrita por un ciudadano de la tierra.


